Colaboración de Karen Madrid Nilo
Por Jorge Andrés Richards
Revista Análisis
30 Diciembre de 2007
Una de la claves para derrotar a la dictadura, además de la movilización social, fue el alto valor de la política. Porque a pesar de ser denostada durante diecisiete años, cuando resurgió lo hizo fundada en valores enormes como la lealtad, el compañerismo, la unidad y el inmenso deseo de recobrar la libertad y la democracia.
Finalmente, el objetivo se logró y durante muchos años la política, la gran política permitió que este país se fuera normalizando, con algunas imperfecciones por la herencia de un pasado reciente traumático. Pero nadie puede discutir que en Chile se terminó con el miedo, el terror, la persecución por las ideas, los servicios secretos y tantas otras atrocidades.
Quizá uno de los déficits mayores es la enorme desigualdad social, que es un pendiente que nos debería comprometer a todos. Sin embargo. Conquistar un objetivo de este tamaño es imposible hoy, debido a como algunos ejercen la función política.
Es imposible pensar en objetivos mayores y un país más justo, cuando muchos políticos trabajan más por un interés personal que colectivo.
Cuando otros solo defienden parcelas de poder. Otros tantos, de una plumada desconocen su propio pasado y se embarcan con los que ayer fueron sus acérrimos enemigos. Y un grupo significativo, se esmera en excluir a un sector de chilenos.
En definitiva, una parte de la clase política ha perdido su norte. No son todos, no podemos ser injustos, existen muy buenos políticos, también. Sin embargo, la mayoría de los medios de comunicación con el objetivo de tener mayor venta o mayor rating y olvidándose de su función social, sólo destacan el conflicto, la rencilla, la cosa pequeña, mediática y muchas veces intrascendente.
Flaco favor le hacemos a este país con políticos desenfocados y con medios de comunicación, cuyas prioridades son enteramente equívocas.
Lo más preocupante es que, a la larga, situaciones como las descritas terminan en realidades de dimensiones insospechadas y difíciles de revertir.
Chile aún está a tiempo de mirarse para adentro. De detenerse y revisar todas estas distorsiones que le hacen un daño incalculable a la función política, al país y en definitiva, lo más importante, a la gente, a los chilenos.
Quizás a llegado el momento de impulsar un gran Acuerdo Nacional. Fue posible el año 1985, en plena dictadura, por que no va a ser posible ahora, donde surja un compromiso, de revalorizar la política, de devolverse su principal activo, la nobleza para ejercerla y cuyo objetivo final sea dignificar al pueblo chileno, sin exclusiones, especialmente a los más pobres.
No podemos llegar al bicentenario con desigualdades tan gigantescas.