Una comisión de análisis ambiental de Aysén, región al sur de Chile, ha tomado una potencialmente desastrosa decisión, al aprobar por votación la construcción de cinco represas hidroeléctricas, dos en el río Baker y tres en el Pascua. El daño que estas represas harían al medio ambiente será enorme, y su construcción – en un paraíso natural virgen en gran medida – abriría el camino a un mayor desarrollo, incluyendo más represas.
Los ríos Baker y Pascua fluyen entre fiordos salvajes a lo largo de la costa del sur de Chile. Las represas inundarían parcialmente un parque nacional, así como parte de un paisaje que Chile había estado esperando que la UNESCO calificara como Patrimonio de la Humanidad.
La votación siguió a una revisión ambiental que revisó sólo las consecuencias inmediatas de la construcción y no los efectos a largo plazo sobre la ecología de estas cuencas hidrográficas o los riesgos aguas abajo del embalse, violentos ríos glaciares y lagos sujetos a desbordes muy por encima de su nivel.
Para entregar el poder que generan – algunas 2.75 gigavatios – Chile tendría que construir un corredor de cerca de 2.500 kilómetros de líneas eléctricas hacia el norte, creando el más largo en el planeta.
No hay duda de las necesidades energéticas de Chile y el hecho de que paga mucho más por la electricidad que cualquiera de sus vecinos. Pero los estudios más importantes han dejado en evidencia que Chile dispone de extraordinarias fuentes de energía renovable, incluyendo la energía solar, la geotérmica y la eólica, que se podrían desarrollar con mucho menos impacto sobre el medio ambiente