La Bella Soledad
(segunda parte)
Recordando el final del cuento publicado en la anterior edición … al mirar nuevamente las ruinas de la que fue casa, veo un cajón con papeles desteñidos, llenos de tierra, les había caído agua de la lluvia, incluso hasta con heces o fecales de ratones.
Los limpié con ramitas de hinojos, eran escritos pertenecientes a Soledad.
Uno me llamó la atención y lo agrego a este escrito a continuación…
Por Sergio Sepúlveda
La hormiguita soñadora
En una noche sombría
la hormiguita caminaba
por un oscuro zanjón
del fondo de una quebrada.
Le daba gracias a Dios
por un rayito de luna
que atravesando las ramas
la tenía iluminada.
Pero la pobre pensaba
cómo sería su vida
si hubiera sido una hembrita
de la raza humanizada.
¿Podría ser una joven
con ojitos verde mar
y su trenza respingada
vadeando en los trigales,
por las espigas, mimada?
Ansiaba una falda hecha,
de un pedazo de arco iris
que fue visto en la montaña
y la blusilla de nube
como nieve eternizada.
Sus perfumes predilectos
los tendría en los rosales
azahares y violetas
jazmines y madreselvas
posándose en cada flor
como mariposa, halada.
Se lavaría su rostro
con el rocío del alba
secando su cabellera
con la brisa perfumada.
Y bañaría su cuerpo
en la playa temperada
o en el río azul verdoso
que corre por la hondonada.
En primavera las flores
la tendrían alabada
con el trinar de los pájaros
se quedaría extasiada.
Árboles inclinados
le dan frutas de pasada
y donde nace el arroyo
su sed sería saciada.
Doradas hojas de otoño
la llevan acariciada
relámpagos tormentosos
la pondrían asustada.
Se ha ido la luna llena
y negra está la quebrada
recapacita la hormiga
sintiéndose descarriada.
Este sueño casi humano,
pues el insecto pensaba.
¡Auxilio aquí, aquí,
grita a sus hermanas
que la encuentran empalada.
La llevan al hormiguero
le dan calor de hondonada
y para quitar sus penas
la hacen reina en la morada.
Soledad
Un comentario en “HISTORIAS DE NAVIDAD Por Sergio Sepúlveda”